Siempre gana quien sabe amar
Hermann Hesse

El amor es sin duda la expresión más bella y plena de la que se ha habla­do a lo largo de la historia. Hemos comprobado el amor a las perso­nas, a la naturaleza, a lo considerado divi­no, a nosotros mismos, a los animales, a las expresiones artísticas y hasta a los objetos que representan un valor para nosotros.
Seguramente todas las personas he­mos sentido amor alguna vez, sin impor­tar la edad, género o actividad a la que nos dediquemos. Desafortunadamente, la experiencia no siempre es interpretada como agradable, sobre todo cuando quien nos ama o a quien amamos le toca salir decepcionado por alguna causa, ya sea que se trate de padres, parejas, hermanos, amigos, profesores. Al parecer nadie esca­pa del miedo a no ser amados como nos gustaría.
Hablando del amor de pareja, el temor se intensifica, pues al parecer hay mucho más que perder de lo que hay que ganar, y por eso las personas prefieren mantenerse al margen o en relaciones que no generen ningún tipo de compromiso, para así no salir “heridos”. Tal vez el inconveniente sea que hay muchas expectativas que cumplir y muy poca apertura para reconocer que nadie puede hacer por nosotros lo que nos corresponde, dejar de esperar que alguien llegue a “salvarnos”. Ese sería de entrada el mejor cambio que podemos realizar.
Ya sea del tipo de amor que se trate, el amor requiere espacio, tiempo y dedicación. Dar por hecho que amamos es un error de lo más común y cuando las circunstancias cambian, siempre lamentamos no haber dejado en claro cuánto amor sentíamos. Así que el mejor tiempo para expresar nuestro amor es ahora, no hay un día se­ñalado, no hay una fecha en especial; el único tiempo que nos pertenece es éste, y si lo empleamos para sentir amor, será el mejor tiempo invertido de nuestras vidas.
Siendo el amor el motor de la vida, es apremiante hoy más que en otro tiempo dejar a nuestro amor manifestarse, no ne­cesitamos aprender a amar, solo dejar que se expanda en nosotros.
Albert Einstein afirmó, en una carta que escribió a una hija con la que no pudo convivir, lo siguiente: “Hay una fuerza ex­tremadamente poderosa para la que hasta ahora, la ciencia no ha encontrado expli­cación formal, es una fuerza que incluye y gobierna todas otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el Universo y aún no ha sido identifi­cada por nosotros, esta fuerza universal es el amor”.
Las líneas de esta carta nos muestran que quizá lo más importante sea compren­der que el amor es el elemento indispensa­ble y más poderoso que hay. No obstante, precisa vivirse sin miedo, sin dudas, sin la inquietud de ser correspondidos o no, vivir dejando de asociar el amor con el dolor o la pena que ello puede implicar, dar lugar a una manera más completa de vivir la expe­riencia de amar, que nos libere de expec­tativas y nos demos la oportunidad de ser, sin estereotipos, ni ideales erróneamente preconcebidos, entendiendo que amar es en sí mismo la recompensa. “Siempre gana quien sabe amar”, y lo más interesante es que al amor no hay que entenderlo, expli­carlo o enseñarlo, sólo hay que vivirlo.

 

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