A Humphry Davy debemos el concepto de elemento como aquella sustancia que no se puede descomponer mediante ningún proceso químico. Sus aportaciones para la ciencia incluyen el descubrimiento de un puñado de esos elementos químicos, incluido el calcio, el potasio, el magnesio y el sodio, entre otros.

humphrydavy1La vida de sir Humphry Davy es estimulante en más de un sentido. Por principio, el título de nobleza lo alcanzó gracias a su propio esfuerzo, subiendo en la escala social a medida que progresaba su carrera científica. Pero también es cierto que varios comentaristas advierten una actitud un tanto charlatana y bastante esnob una vez que alcanzó el éxito.
Orígenes humildes
Humphry Davy nació en Penzance, Cornualles, el 17 de diciembre de 1778. Fue el hijo primogénito de un tallador de madera, de nombre Robert, y de una mujer, llamada Grace, que se dedicó a vender sombreros, entre otras actividades, para contribuir a la economía familiar. A pesar de estos esfuerzos, los Davy pasaron penurias. La situación se complicó a tal grado, nos relata John Gribbin en Historia de la ciencia (1543-2001), que Humphry tuvo que ir a vivir con John Tonkin, su abuelo putativo, quien era cirujano.
Este panorama más bien adverso no amilanó a Davy, quien tenía claro que su horizonte de vida iba más allá de Cornualles. Luego de pasar sin pena ni gloria por la escuela elemental, cursada en el poblado de Truro, y tras la muerte de su padre, en 1794, por recomendación de Tonkin entró a trabajar como auxiliar de farmacéutico, con el plan a futuro de marcharse a Edimburgo para estudiar medicina.
Davy hizo gala de tesón y disciplina mientras estuvo al servicio del encargado de la farmacia de Penzance. A finales de 1797, el joven autodidacta “leyó en su versión original el Traité Élémentaire de Lavoisier y se quedó fascinado por la química”. La lectura entusiasmó a tal grado a Davy, quien sin tener mayor preparación académica, realizó varios experimentos sobre la luz y el calor, dos temas que aún estaban en el terreno de la química, según Gribbin. De manera concienzuda, Davy consignó los resultados de cada una de sus pruebas, desarrollando en el camino sus propias ideas en torno a esos fenómenos.
En el ínterin, conoció a Gregory Watt, hijo del famoso inventor James Watt, quien había llegado a Cornualles para aprovechar el clima más benigno que le ayudara a tratarse algunas afecciones. Ambos jóvenes trabaron una sólida amistad que acabaría rindiéndole buenos frutos a Davy. Gracias a los contactos del influyente James Watt, nuestro personaje pudo trasladarse a Bristol, para colaborar con Thomas Beddoes, un médico que había fundado una clínica para investigar el potencial de algunos gases en la curación de enfermedades como la tuberculosis. Humphry Davy abandonó su natal Penzance “el 2 de octubre de 1798, un par de meses antes de cumplir los 20 años”. Su estrella comenzaba a brillar con intensidad.
Una carrera en ascenso
Instalado en Bristol, Davy inició una serie de investigaciones con el óxido nitroso. Como hicieron muchos de los científicos de su época, Davy se usó a sí mismo como conejillo de Indias.
“No viendo otro modo de averiguar cómo afectaba este gas al cuerpo humano, Davy preparó «cuatro cuartos de galón» de óxido nitroso en una bolsa de seda e inhaló su contenido, después de haber vaciado sus pulmones lo más posible. Descubrió inmediatamente las propiedades embriagadoras de este gas, que pronto pasó a llamarse «gas hilarante», al ponerse de moda entre los que buscaban este placer”, relata John Gribbin, quien añade que más adelante Davy descubrió los efectos calmantes del gas en cierta ocasión en que se lo aplicó para buscar alivio por el malestar ocasionado por una muela del juicio. Incluso propuso que se utilizara en las intervenciones quirúrgicas, recomendación que cayó en saco roto. Fue hasta 1844 cuando el odontólogo estadounidense Horace Wells utilizó por primera vez al para entonces conocido como gas hilarante con el fin de calmar el dolor de sus pacientes mientras les extraía piezas dentarias.
Entusiasmado, Davy amplió el radio de sus investigaciones con gases, lo que incluso pudo costarle la vida, como apunta Gribbin: “Estaba experimentando con la sustancia conocida como gas de agua (en realidad, una mezcla de monóxido de carbono e hidrógeno), que se obtenía haciendo que el vapor de agua pasara sobre brasas de carbón. El monóxido de carbono es extremadamente venenoso y produce rápidamente y sin dolor un profundo sueño que conduce a la muerte, razón por la cual muchos suicidas optan por matarse respirando los gases del tubo de escape de un coche. Antes de desmayarse, Davy tuvo el tiempo justo para dejar caer de sus labios la boquilla de la bolsa de la que estaba respirando, por lo que sólo sufrió un terrible dolor de cabeza al despertar”.
Davy puso por escrito sus experiencias sobre el óxido nitroso en un libro de más de 80,000 palabras. En el opúsculo no consignó la ocasión en que se puso a bailotear en su laboratorio, junto con un grupo de amigos a los que había dado a inhalar el gas. La sustancia los puso de tan buen humor que acabaron por hacer fiesta en el lugar. El libro sobre el óxido nitroso le abrió nuevas puertas a Davy, quien alistó sus maletas para trasladarse a Londres. Estaba a punto de alcanzar el cénit de su carrera como investigador.
humphrydavyDescubridor de elementos
En marzo de 1799, Benjamin Thompson, conde Rumford, uno de los más destacados científicos británicos de la época, había fundado la Royal Institution, con el ánimo de que el Reino Unido contara con un ente dedicado a la investigación y la difusión de la ciencia, con investigadores contratados con un salario fijo, lo que supuso la profesionalización de dichos especialistas. Rumford consideraba que un buen medio para lograr ese doble fin sería a través de charlas abiertas al público. Así, para la química había contratado inicialmente a Thomas Garnett, quien si bien obtuvo un éxito inicial, algunas circunstancias de su vida privada lo apartaron del trabajo. Para no dejar que decayera el impulso inicial que había tomado la Royal Institution, Rumford invitó a Humphry Davy a hacerse cargo de la investigación en química.
De este modo, con apenas 23 años de edad, y sin ninguna preparación formal, salvo la que se había dado a sí mismo, Davy llegó a la capital del Reino Unido para consagrarse en el mundo de la ciencia. “Tuvo un brillante éxito con sus conferencias, por una parte debido al contenido y a la emoción que suscitaban sus charlas, siempre minuciosamente preparadas y ensayadas, y por otra parte gracias al atractivo físico y al carisma del conferenciante, lo cual hacía que las jóvenes de la buena sociedad acudieran en tropel a las conferencias, independientemente de cuál fuera el contenido de éstas”, nos reseña John Gribbin.
El éxito le sonrió a Davy como nunca. Ya instalado en la Royal Institution, logró “aislar dos metales que hasta entonces habían sido desconocidos, a los que llamó potasio y sodio. En 1810, Davy aisló y dio nombre al cloro”. De hecho, a él debemos la definición de elemento, al que consideró “como una sustancia que no se puede descomponer mediante ningún proceso químico”. Sus investigaciones electroquímicas, desarrolladas a partir de la invención de la pila de Volta, le permitieron “realizar un análisis y un resumen magistrales de esta joven ciencia en la Bakerian Lecture de la Royal Society en 1806”.
Fue en este momento de su trayectoria cuando un joven pero decidido Michael Faraday se puso en contacto con él, entusiasmado tras escuchar una de las conferencias pronunciadas en la Royal Institution. Empezaba así una de las más singulares y tensas relaciones entre dos investigadores de gran calado. A Davy también se debe, al menos oficialmente, el diseño de una lámpara para mineros, cuya eficiencia redujo la cantidad de accidentes y muertes en los tiros.
Como destaca John Gribbin, Humphry Davy fue un científico singular, “uno de los últimos en la corriente de grandes científicos aficionados (aunque no era, en sentido estricto, un caballero); pero, como empleado a sueldo de la Royal Institution, fue también uno de los primeros científicos profesionales”.

 

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