Este hombre es promotor cultural, productor agrícola, apicultor y político

cornelio2El maíz, sin lugar a dudas, es un ingrediente indispensable en la gastronomía tlaxcalteca, pero para la población otomí de Ixtenco es más que eso… es parte de una cultura milenaria, es el alma, es el corazón, es la esencia de la gente.
“Todos somos granos de una misma mazorca”, es una metáfora utilizada por algunos tlaxcaltecas que devela la importancia que tiene el maíz entre la población.
Incluso, el nombre de nuestro estado, Tlaxcala, significa “Tierra de pan de maíz”.
En este número, Momento entrevista a Cornelio Hernández Rojas, promotor cultural y hombre apasionado del fomento y la preservación del maíz en San Juan Ixtenco.
“El maíz es mi alma, sin el maíz yo ya no soy nada. Entre más me he acercado al maíz, más me siento parte de él. Mejor dicho, no siento que el maíz sea parte de mí, yo soy parte del maíz”, dice.
Su amor por el maíz no lo oculta. Cornelio llega a la entrevista con Momento, que se realiza en una de las áreas del Centro de las Artes de Tlaxcala, espacio recién abierto en lo que fue la ex fábrica de hilados y tejidos de San Luis Apizaquito, portando una playera con el estampado de una mazorca color rojo al frente.
En un morral lleva consigo mazorcas con maíces de diferente color, las cuales toma con mucha delicadeza entre sus manos durante el desarrollo de la charla.
“Los maíces son resultado de por lo menos el trabajo de 300 generaciones y han resistido las políticas de gobierno, el menosprecio de nosotros, el racismo que se da dentro del maíz, porque lamentablemente muchas personas no quieren consumir las tortillas que se elaboran con los maíces de colores, sólo tienen demanda los maíces blancos y entre más blanco mejor, no solamente el racismo está latente en los seres humanos, el racismo lo hemos trasladado también a los maíces”, lamenta.
Cornelio Hernández fue presidente municipal de Ixtenco en el trienio 2005–2008 y fue de las primeras autoridades en fomentar la transparencia en la aplicación de los recursos públicos. “Desde la primera quincena pegamos una fotocopia de la nómina porque la gente tiene derecho a saber cuánto ganan sus representantes”. Eso le hizo merecedor de reconocimientos nacionales e internacionales.
Este hombre nació el 23 de agosto de 1958 en San Juan Ixtenco.
Su padre es Pedro Hernández Neri, campesino toda su vida, mientras que su madre fue Esperanza Rojas Cortés y “al igual que todas las mujeres de Ixtenco, se dedicaba a comercializar los productos del campo”.
Tiene nueve hermanos, cuatro hombres y cinco mujeres, Cornelio es el segundo. Está casado con Teresa Solís López, con quien procreó tres hijos, dos varones y una mujer.
“Soy promotor cultural y campesino, sé cultivar maíz o mejor dicho, nací al lado del maíz, naci, crecí y sigo al lado del maíz”, expresa Cornelio en la plática con una claridad y firmeza en cada una de sus palabras.
Como promotor cultural –agrega– ha realizado trabajo en Ixtenco y en diversas comunidades del estado de Tlaxcala.
“Mi trabajo comunitario lo inicié cuando tenía 19 años de edad, tuve la oportunidad de estudiar antropología social en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP)”.
Relata que su infancia fue como la de todos los niños de las comunidades rurales: “fue en el campo y en la escuela, cultivando maíz, arverjón y calabaza a las faltas de La Malinche. En las comunidades campesinas, a las pocas semanas que se nace, se empieza a ir al campo. Decía mi madre, siendo campesina, que seguramente a los pocos meses de que nací ya estaba en el campo. Crecí entre mazorcas, mejor dicho, nací, crecí y sigo al lado del maíz”.
cornelio1Reflexiona que cuando él era niño se descalificaba mucho la actividad del campo, “se decía, estudia porque si no vas ir al campo, era como denigrante ser campesino. Uno es niño y es receptivo a ese tipo de opiniones. Cuando fui joven era lo mismo y me quise retirar del campo, por eso asistía a la universidad. Muchas veces se estudiaba para no ir al campo, para realizar otra actividad, para poderse involucrar en otras actividades económicas que estaban ofreciendo las grandes ciudades”.
Sin embargo, asegura, “tuve la fortuna de estudiar antropología social y más que desligarme de mi origen, creo que me arraigo más”.
–¿Por qué se decantó por estudiar antropología social?
–Porque cuando terminé el bachillerato no era tan joven, tenía más de 20 años de edad, tuve dos opciones: estudiar derecho, que fue lo que más hubiera deseado en la vida, pero cuando me di cuenta que esta carrera se ejerce de la manera más sesgada en México, opté por no estudiar derecho. Tuve otra opción que fue matemáticas, pero aunque me gustaban mucho, me distanciaban bastante de la comunidad. Entonces, siendo originario de una comunidad indígena, consideré que lo más viable era estudiar antropología social.
Cuando estaba por terminar la universidad, Cornelio dejó de trabajar en el campo porque se fue a vivir algunos años a la ciudad de Tlaxcala; sin embargo, le era difícil vivir a pesar de que la capital del estado aún era una ciudad pequeña que conservaba varias formas de vida de las comunidades campesinas, de modo que decidió regresar a Ixtenco.
En tanto, sus hermanos, por cuestiones de trabajo, la mayoría está en la Ciudad de México, pero regresan cada ocho o 15 días a Ixtenco porque han adquirido terrenos y, al igual que Cornelio, los siembran.
Dos de los hijos de Cornelio también están en la Ciudad de México y espera que en algunos años más quieran regresar a la tierra que los vio nacer.
El hijo mayor de Cornelio estudió economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), su hija estudia administración industrial en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el menor se prepara como veterinario en Ixtenco.
–¿En qué consiste su actividad como promotor cultural?
–No solamente debo decir qué hago, sino qué he hecho. Cuando inicié este trabajo organizaba concursos de declamación, invitaba a grupos de la BUAP y de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT) a participar en actividades los días de feria en Ixtenco. Hace 30 años era más complicado hacer gestión cultural porque las autoridades no tenían la mínima intención de promover la cultura, de rescatar aquello que se estaba perdiendo y, por otro lado, tampoco había la intención de apoyar las actividades artísticas.
Incluso –observa– sigue la idea de que quienes se dedican a las actividades artísticas es porque no tienen otra cosa que hacer y pareciera que el público le hace un favor por ir a presenciar sus participaciones, cuando realmente es al revés, porque hacen una parte de lo que le compete a las autoridades.
Es en su labor como promotor cultural que se ha dedicado al rescate, preservación y difusión de todo lo que esté relacionado con el maíz, pero siempre y cuando sean maíces nativos, los maíces que por milenios han resguardado las comunidades campesinas en México.
Como parte de esta labor, en 2014, el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura (ITC), con recursos del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), apoyó una propuesta para realizar una investigación sobre las técnicas y sistemas de cultivo, así como el uso que se da al maíz en Tlaxcala, que se tradujo en el libro La Tierra del Maíz.
Y hace tres meses, Cornelio presentó otro libro que se titula Sabor a Tlaxcala, el cual fue publicado también con recursos de Conaculta, a través del ITC. El documento aborda el proceso de producción, recolección y uso del tequexquite que hacen los pobladores de El Carmen Tequexquitla y Santa Ana Nopalucan.
cornelio3–¿Qué significa para usted el maíz?
–Es el alma, es el corazón, es la esencia de lo mexicano.
Establece que Ixtenco es la única comunidad otomí que vive con expresiones culturales basadas en el maíz en toda la región del altiplano mexicano, porque su tradición ha sido campesina.
“Es más, los estudios que se han realizado sobre el maíz dicen que gran parte de este proceso de domesticación debieron haberlo hecho los grupos ubicados dentro de la familia lingüística de los otomangues. El otomí de Ixtenco pudiera ubicarse dentro de esta familia lingüística”.
–¿Cuántos tipos de semillas nativas preservan en Ixtenco?
–Algunos estudiosos, como el maestro Andrés María Ramírez, dicen que en Tlaxcala tenemos alrededor de 12 razas de maíz y de esas seis están presentes en Ixtenco y a partir de esas seis razas derivan variedades, que son difíciles de cuantificar dadas las condiciones en las que se da el proceso de polinización, pues se dice que cada planta de maíz genera millones y millones de granos de polen y al existir una polinización libre, pues van y fecundan a otras plantas y nos van generando cada vez más variedades, algunas desaparecen y otras surgen.
–Como herederos de la cultura otomí, ¿qué hacen para no perder sus variedades de maíz?
–Es un trabajo que se ha hecho durante el transcurso de cientos de años y que en las últimas décadas nos hemos dedicado a conservar los granos, primero por el uso gastronómico y artesanal, y también por la demanda que tienen las variedades de este maíz en el mercado, por eso la gente lo ha seguido cultivando.
Cornelio resalta, con mucho orgullo, que Ixtenco se ha convertido en un centro productor de semillas y abastece a la región centro del país.
“Hasta Ixtenco llega gente de Hidalgo, de diversas comunidades de Tlaxcala y del estado de Puebla con el fin de abastecerse de semillas, porque dicen que tienen la capacidad de germinar en diferentes tipos de suelo de la región y quienes adquieren estas semillas tienen certeza que no son resultado de la siembra de maíces híbridos, sino de maíces nativos”.
–¿Usted cuánta superficie siembra?
–Como promotor no me dedico a la producción a gran escala de maíz, sino que me dedico a la preservación del maíz. Siembro una hectárea donde hago pequeñas parcelas para sembrar alrededor de 18 variedades de maíz. No son todas las variedades que tenemos en Ixtenco, porque tenemos muchas más.
–¿Cómo se protegen los campesinos de Ixtenco de las semillas transgénicas de maíz?
–No hay nada que pueda protegernos de la contaminación de las semillas transgénicas, no hay ninguna forma, la única manera de resistir es seguir con la siembra de los maíces nativos.
Considera que las empresas transnacionales pudieran emplear diversas estrategias para contaminar los maíces nativos y una pudiera ser que los granos de transgénicos vinieran junto con los híbridos que son promovidos por el gobierno a través de la Sagarpa y Sefoa.
El gobierno promueve un programa para adquirir semillas híbridas para mejorar el rendimiento de producción de maíz por hectáreas, “pero no sabemos si estos maíces vienen contaminados por organismos transgénicos, pues algunos de ellos son producidos por algunas empresas que han trabajado en la mutación genética de los maíces”.
Indica que a los productores del campo se les ha vendido la idea de que el maíz transgénico tiene mayor rendimiento por hectárea comparado con los maíces nativos; sin embargo, asienta, este rendimiento se logra a base de aplicar una mayor cantidad de insumos que por un lado incrementa los costos de producción y, por otro, están contaminando el suelo con los residuos que se dejan en los terrenos de labor.
El promotor cultural específica que los maíces nativos no dan un rendimiento tan alto, apenas 3.2 toneladas promedio por hectárea en México, pero eso es debido a que se han hecho pocos trabajos para su mejoramiento genético.
De ahí que piensa en la necesidad de que las universidades o institutos que tienen carreras relacionadas con el campo debieran emprender trabajos para el mejoramiento genético de los maíces nativos. “Algo de lo que pudiera estar seguro es que aquí si sembramos maíces nativos y aplicamos la misma cantidad de insumos que a los híbridos o a los transgénicos, seguro que tendríamos los mismos rendimientos”.
Recalca: “si tenemos una gran cantidad de insumos como fertilizante, fungicidas y herbicidas en grandes extensiones, seguramente tendríamos el mismo rendimiento por hectárea. Los maíces transgénicos sí tienen un gran rendimiento, pero requieren de una gran cantidad de insumos”.
–¿Por qué hay gente que se dedica al campo cuando la dinámica actual de la población es ir a trabajar a la industria o a las zonas urbanas?
–No es la gente la que quiere otra línea de desarrollo, sino que no se nos ha presentado otra línea de desarrollo, se nos ha presentado la idea de que industrializando al país es la salida que tenemos para mejorar nuestras condiciones de vida, pero los mexicanos no hemos tenido la oportunidad de elegir otras líneas de desarrollo. Por qué la resistencia, porque el origen de lo que somos está en el campo y en el campo se está al lado del maíz.
cornelioLa gente del medio rural no necesita más apoyo, sólo los mismos que tienen aquellos que siembran grandes extensiones de tierra, de ser así, la situación sería otra, subraya.
Insiste en la necesidad de que se valoren los maíces nativos, pero “lamentablemente se venden conforme se calcula el precio del maíz en las casas de valores de Chicago, donde se comercializan amarillos y forrajeros. En Kansas es donde se ven los maíces blancos, “pero para nuestros maíces no se calcula el precio en función de los blancos, sino de los forrajeros en Estados Unidos. Se requiere que se valore más el trabajo de los campesinos y su producto que es el maíz”.
–¿Cuántas familias se dedican a la producción del maíz en Ixtenco?
–El 90 por ciento de las familias de Ixtenco siguen siendo campesinos, si bien es cierto que muchos son profesionistas o trabajan en alguna fábrica de la región, de la Ciudad de México o de Puebla, pero se acostumbra retornar cada ocho días para realizar actividades del campo, pese a que sabemos que no es redituable. La gente va en busca de recursos de fuera para estar financiando al campo.
–¿Qué hacen con la cosecha?
–Lo que se produce rebasa las necesidades de autoconsumo, por eso se comercializa en el estado de Puebla o intermediarios los llevan a las fábricas de alimentos balanceados. Lamentablemente, en México algunos animales comen mejor alimento que las personas, porque las personas comen maíz híbrido o tortillas de maíz híbrido, mientras que en algunas granjas los animales comen sus alimentos a partir de maíces nativos.
–¿Qué podemos aprovechar del maíz?
–Del maíz aprovechamos todo, la raíz hasta cierta altura del tallo se puede aprovechar como combustible, hay quienes hacen atole morado en Ixtenco. Otra forma de aprovecharlo es reintegrarlo al suelo para que se enriquezca como materia orgánica. Al tallo, cuando es tierno, se le extrae el jugo de la caña del maíz. Las hojas, cuando están verdes, se utilizan para envoltura de tamales y otros alimentos que se quieran asar. La mazorca, cuando es tierna, se consume como elote; la parte de la flor, la punta, la espiga, se da como forraje a los animales.
También se le da algunos usos medicinales, por ejemplo, el pelo del elote se utiliza para atender problemas renales. Cuando se hace la tortilla, se pone a sudar y aquellas gotas que quedan, se aplican a los niños con problemas en la nariz o algunas familias hierven la hoja del maíz y sumergen los pies para problemas de resfriados.
–¿Ha cumplido su labor de promotor cultural o le falta algo más?
–He logrado parte de los objetivos que no solamente me atañen a mí, sino a todos los mexicanos de concientizar a los campesinos sobre la importancia de preservar nuestros maíces.
“Los campesinos y los mexicanos debemos entender que en cada uno de estos granos hay miles de años de mejoramiento genético, hay miles de años de conocimiento, hay miles de años de experiencia porque estos maíces se han sembrado lo mismo a nivel del mar que a altitudes mayores a los 3 mil metros. Los maíces han resistido heladas, sequías, ventarrones, procesos sociales, la guerra de Independencia, la Revolución Mexicana, la revolución verde, viven en un mundo globalizando al que se ha llevado la economía en estos años. Hemos tratado de crear conciencia entre los campesinos que valoren lo que tenemos en nuestras manos”, enfatiza Cornelio, quien aprieta con gran fuerza las mazorcas que tiene en sus manos desde que inició la entrevista.
cornelio4Complementa: “se dice que estos maíces son resultado de por lo menos el trabajo de 300 generaciones y que han resistido las políticas de gobierno, el menosprecio de nosotros, el racismo que se da dentro del maíz, porque lamentablemente muchas personas no quieren consumir las tortillas que se elaboran con los maíces de colores, sólo tienen demanda los maíces blancos y entre más blanco mejor”.
Por ello, señala que el trabajo que realiza no es personal, sino comunitario para sumar la voluntad de muchos hombres y mujeres que quieren que se sigan conservando los maíces nativos.
–¿Qué le dice la gente acerca de esta labor que realiza?
–Más allá de lo que digan, uno tiene que seguir trabajando porque sabemos que en esto podemos sustentar la soberanía alimentaria de los mexicanos, de muchos pueblos del mundo que han incluido al maíz como su alimentación base.
“Una de las actividades para difundir las variedades y usos de esta gramínea es la Fiesta del Maíz que se realiza el fin de semana anterior a la Semana Santa en Ixtenco. Ya se han organizado seis ediciones y ha habido mucha respuesta del público ávido de conocer y valorar los maíces nativos”.
Cornelio advierte que el campo mexicano está quedando en el olvido en virtud de que lo trabajan las personas mayores de edad, pues hay muy pocos jóvenes involucrados porque no ha habido interés del gobierno de poder impulsar las actividades agrícolas.
“Por eso los jóvenes se están retirando del campo y si a ello sumamos los bajos precios en que se cotiza el maíz, el kilo se vendió a 2.50 pesos en 2014 y si una hectárea da en promedio 3.2 toneladas, entonces sacamos entre 8 mil y 8 mil 500 pesos por hectárea, pero hay que descontarle todo lo invertido en mano de obra, en las labores de labranza e insumos, de modo que se termina financiando al campo y por ello requerimos políticas públicas que valoren el campo, como se hace en otros países”.
Menciona que cuidar la producción agrícola es la única garantía de la soberanía alimentaria del país.
“México hasta hace unas décadas exportaba productos del campo y ahora está importando, eso debe preocuparnos porque la dependencia alimentaria nos lleva a un país que no es autosuficiente en la producción de alimentos y entonces está sujeto a la voluntad de las grandes empresas trasnacionales que lucran con el hambre de la humanidad”.
–¿Podrá algún alimento sustituir al maíz?
–En México, pasada la Revolución, hubo el intento de que la población produjera y consumiera la soya, pero lamentablemente en algunas comunidades las condiciones climáticas no son propicias para ello y si bien es cierto que la soya es muy rica en proteínas, carece de algunos otros nutrientes que sí los tiene el maíz. Además, la población mexicana está hecha de maíz, nacimos como sociedad al lado del maíz, nuestro organismo se ha adaptado al maíz, en promedio cada mexicano consume alrededor de 123 kilos de maíz al año, mientras que a nivel mundial es de 16.5 kilos. Eso quiere decir que somos de maíz, que nos resistimos a ser de otra alimentación.
Como promotor cultural, cita que al revisar las crónicas que se escribieron en el siglo XVI, hay relatos que quienes dieron la guerra a los españoles no fueron los tlaxcaltecas, sino que fueron los otomíes. “Lo dice Fray Bernardino de Sahagún, los otomíes tenían como tarea defender su territorio de alguna posible intromisión de otros grupos y como tales cumplen con su función queriendo detener el avance de los españoles, desde luego que la superioridad de las armas que éstos traían hace que los otomíes no resistan y entonces los tlaxcaltecas dialogan con los españoles y les permiten el ingreso a este territorio”, expone Cornelio.
Estima que desde entonces los otomíes quedaron señalados por ser un grupo belicoso, un grupo que se resiste a ser conquistado y a ser invadido, “fuimos concentrados al pie de La Malinche, en los peores suelos que tiene el volcán; sin embargo, para sorpresa de otros, no son los peores porque la montaña nos protege con la humedad atmosférica que tiene y todo esto nos permite hacer siembras de maíz desde antes que lo hagan otras comunidades, desde ahí se viene consolidando nuestra identidad, nuestra cohesión”.
Cornelio no habla la lengua otomí, porque cuando era pequeño les decían que dejaran el campo y que no aprendieran nada de su cultura.
“Lamento mucho no hablar otomí, no he tenido tiempo de sentarme a aprender esta lengua, que mucho me gustaría. Si alguien se dedica a hacer la promoción y la gestión cultural en Ixtenco, yo me dedico a aprender la lengua”, comenta.
Empero, repara que Ixtenco es un pueblo que ha tenido muchos promotores culturales como Josafat Carpinteyro que ha organizado varias ediciones de trova, hay personas que promueven el rescate y la difusión de las técnicas artesanales y en su caso que se ha dedicado a todo lo relacionado con el maíz.
cornelio5Otras personas se han dado a la tarea de rescatar la enseñanza de la lengua otomí, quienes además promueven la organización comunitaria a través de las mayordomías.
–¿Qué color de maíz le gusta más?
–Es una pregunta muy difícil, yo regresé al campo y a Ixtenco por el colorido de todos los maíces.
–¿Cuántos colores de maíz logra cosechar con las variedades de semilla que tiene?
–Le puedo hablar de azul, olote rojo, blanco, morado, trigueño, rosa, crema, rojo, sangre de Cristo, jaspeados, tenemos todos los tipos de maíz que pueda imaginar. Los colores de los maíces rebasan nuestra imaginación.
Pero Cornelio no sólo se dedica al rescate y preservación de los maíces criollos de Ixtenco, pues revela que también es apicultor e incursiona en el medio de la política.
“Económicamente me ayudo con la producción de miel a nivel artesanal, porque la apicultura también se ha desarrollado mucho y han tecnificado todo el proceso para extraer la miel. Muchas actividades las hago de manera manual. Tengo como 100 colmenas”.
Parte de la producción la vende, a pesar de que en los últimos años ha bajado y la tendencia es que se pierda esta actividad si no se hace nada por rescatar el campo de la aplicación de herbicidas y fungicidas que están acabando con las poblaciones de abejas.
“El cambio climático y las lluvias ácidas hacen que las flores no estén generando néctar y la abeja no tiene qué recolectar y como consecuencia baja la producción de miel”, dice.
Además, comenta que fue presidente municipal de Ixtenco en el trienio 2005–2008, periodo en el que “hicimos un ejercicio de transparencia en la aplicación de los recursos públicos que para ese momento fue único en México. Desde la primera quincena pegamos una fotocopia de la nómina, de cuánto ganamos, porque la gente tiene derecho a saber cuánto ganan sus representantes, puesto que son pagados con los recursos públicos que se generan con las aportaciones de todos nosotros”.
De manera paralela, realizó acciones para que la ciudadanía pudiera verificar cómo y para qué se aplicaban los recursos y eso lo hizo merecedor en el año 2006 de que el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) incluyera al ayuntamiento de Ixtenco entre los 27 proyectos innovadores que se ejercieron a nivel local y que en 2008 la Agencia Alemana de Cooperación para el Desarrollo lo invitara a Guatemala, como parte de cuatro autoridades de lugares con mayor índice de pobreza, a compartir su experiencia para sensibilizar a otras autoridades a que apliquen los recursos de manera transparente.
Cornelio llegó a la presidencia municipal de Ixtenco por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y ahora en el proceso electoral de este año compitió de nuevo por la alcaldía de su lugar de origen, sólo que ahora por la vía independiente, a invitación de un grupo de pobladores.

 

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