Andreas Vesalius revolucionó la investigación en anatomía y, por extensión, en la medicina. Rompió esquemas y se enfrentó a quienes se limitaban a seguir ciegamente la tradición clásica

andreasvesaluisA pesar de sus crónicos problemas financieros, el emperador Carlos V podía presumir una de las cortes más fastuosas de la historia. Dueño de media Europa, con amplias extensiones del Nuevo Mundo bajo su égida, y con la mira puesta en África y el Lejano Oriente, estaba a las puertas del primer imperio global de la historia.
Tocó en suerte a este monarca reinar durante un periodo de efervescencia ideológica. Los viejos muros del Antiguo Régimen comenzaron a resquebrajarse a principios del siglo XVI, aunque todavía resistieron un par de centurias más.
Dicen que ningún libro ha provocado una revolución. Verdad a medias si tomamos en cuenta la trascendencia de varias obras que han tenido un profundo impacto no solo en las esferas del poder, sino en aspectos más cotidianos, cercanos al común de la gente.
Uno de esos libros de amplia influencia es De humani corporis fabrica libri septem: Los siete libros de la fábrica del cuerpo humano, escrito por Andreas Vesalius, un médico flamenco que revolucionó la práctica de la anatomía, pero sobre todo sacudió el árbol de la ciencia con sus ideas, al tiempo que añadió un nuevo capítulo a la historia del arte. Todo en uno.
Un médico flamenco
El año es 1543. La ciudad: Meinz, en lo que ahora es Alemania, donde Carlos V ha hecho una parada junto a su errante corte, como parte de un interminable recorrido por sus dominios europeos. Su imperial majestad ha concedido audiencia a un médico de Bruselas que viene a mostrarle un libro, uno que, presume, cambiará la manera de entender la práctica de la anatomía.
Seguro de sí mismo, con sus 29 años a cuestas, pero sobre todo una muy provechosa experiencia como disector y profesor en la materia, Andreas van Wesele, conocido por nosotros por su nombre latinizado, Andreas Vesalius, compareció ante el emperador, al que acabó seduciendo, hasta el punto de que consiguió el título de medicus familiaris ordinarius, lo que a la postre fue una pérdida para la ciencia, a la luz de los logros alcanzados a tan temprana edad.
¿Qué fue lo que impactó al poco impresionable Carlos V, dueño de vidas y haciendas? En primer término la osadía de su súbdito. En la Fábrica, como habitualmente se conoce al libro, ponía en solfa ni más ni menos que a Galeno, príncipe de los médicos, relativamente recién descubierto gracias al entusiasmo mostrado por los humanistas italianos, que rascaban aquí y allá para dar con los manuscritos de los pensadores de la Antigüedad.
Y no es que se ignorara quién era Galeno; al contrario, sus libros habían regulado la enseñanza de la anatomía y de la medicina durante trece siglos, que no es poca cosa. La diferencia es que de unos años atrás hubo un intento por depurar los textos. De hecho, Vesalius fue un notable galenista, aunque los métodos que utilizó y los resultados que obtuvo a partir de sus observaciones en directo lo llevaron a cuestionar lo consignado por el médico griego.
Otro punto a favor de Vesalius fue la esmerada edición de la Fábrica. De hecho, para algunos historiadores del arte, el libro merece aparecer al lado de piezas claves del Renacimiento. En la elaboración de los grabados que ilustraban las palabras del investigador participaron alumnos del taller de Tiziano, el artista más renombrado de la escuela veneciana y una de las figuras cumbre de este periodo del arte.
Ladrón de cadáveres
andreasvesaluis1¿Pero de dónde venía este flamenco enjuto de carnes y con una abundante barba, muy en el estilo de la moda de aquellos años, según se atestigua en el retrato que aparece en la Fábrica?
De entrada, formaba parte de un linaje de médicos, según nos cuenta José Antonio Rojas en El visionario de la anatomía. El bisabuelo van Wesele “fue médico del duque Carlos y de Federico III. El abuelo lo fue del archiduque Maximiliano y de Margarita de Austria. Su padre, Andreas von Wesele, aunque no era médico, fue apotecario (farmacéutico) de Margarita de Austria, primero, y del emperador Carlos V, después”. Esa inercia profesional acabó imponiéndose.
Andreas, quien nació el último día de 1514 en Bruselas, se matriculó a los 15 años en la Universidad de Lovaina, que algunos comentaristas identifican como una institución algo rezagada, a diferencia de lo que es ahora. Nicolás Florenas, un amigo de la familia, recomendó al joven que migrara a la Universidad de París, que si bien ejercía una profunda influencia en el norte de Europa, “era una institución conservadora”, como acabaría de comprobar. La situación política internacional obligó a Vesalius a abandonar Francia, al entrar en guerra este país con el Sacro Imperio Romano Germánico, lo que en automático convirtió al estudiante de medicina en un enemigo, ya que Flandes formaba parte de los dominios de Carlos V.
De vuelta en Lovaina, logró obtener el grado de médico. Fue en esa vuelta cuando ocurrió un singular episodio, como consigna John Gribbin en su Historia de la ciencia: “Su entusiasmo por la disección y su interés por el cuerpo humano quedan demostrados en un hecho bien documentado que sucedió durante el otoño de 1536, cuando robó un cuerpo (o lo que quedaba de él) que pendía de una horca en algún lugar situado fuera de Lovaina, y se lo llevó a su casa para estudiarlo”.
Durante su estancia en París, y gracias a su notable habilidad como disector, Vesalius se desempeñó como auxiliar de Jean Guinter de Andernach, quien era profesor de anatomía, tarea que sería fundamental para el médico flamenco.
Un revolucionario de la anatomía
andreasvesalui1Durante la Edad Media, Italia acabó por fragmentarse en numerosos principados. Las rivalidades políticas marcaron el rumbo de la vida en la península. Entre los diferentes factores que propiciaron el Renacimiento estuvo el redescubrimiento de varios autores grecolatinos. Entre esos pensadores revalorados se encontraba Galeno de Pérgamo, del que se tradujeron varias obras.
Durante centurias, Galeno fue considerado la principal autoridad médica. Heredero de una larga tradición, que se remonta hasta Egipto y Mesopotamia, retomó varias prácticas de sus colegas griegos, como Hipócrates y Aristóteles. Él, ciudadano romano del siglo II de la Era Común, se enfrentó a la prohibición implícita de la disección de cadáveres humanos, por lo que sus estudios se basaron en observaciones hechas en cuerpos de animales, como perros y macacos.
El entusiasmo humanista por el legado de la Antigüedad no siempre fue benéfico. Y el estudio del cuerpo humano y la práctica de la medicina así lo demuestran. A esta tendencia se opuso firmemente Vesalius, combate que habría de librar en varios frentes.
La enseñanza de estas materias corría a cargo de un profesor que, sentado en su cathedra, se limitaba a leer en voz alta los textos de Galeno y otros autores, mientras que un disector, habitualmente un barbero o un cirujano se encargaba de hacer los cortes en el cadáver, rodeado por los estudiantes. La idea era simplemente corroborar lo que estaba consignado en los libros. Y nada de cuestionar a las autoridades. Vesalius rompió con esta tradición.
Literalmente, Vesalius descendió de las alturas para colocarse al nivel de la plancha de disección. Esta revolución fue propiciada por el ambiente que privaba en la Universidad de Padua, donde culminó sus estudios. “El hecho de que los profesores de Padua estuvieran convencidos de que los estudiantes aprendían más a la cabecera del enfermo que en los tratados fue una importante experiencia para Vesalius: reforzó su idea de que el conocimiento de la anatomía debía adquirirse sobre el cadáver, y no en la lectura de libros, aun cuando estos fueran los del influyente Galeno”, abunda José Antonio Rojas.
Gracias a los conocimientos y a la fama que se había ganado desde París, Velasius pudo apurar sus estudios en Padua, hasta convertirse en profesor titular de anatomía, a unos días de cumplir 23 años. Un auténtico hito para la época. Desde el primer momento, rompió con los esquemas. Sin importarle los estatutos, hacía tres papeles al mismo tiempo: conferenciante, demostrador y disector. Su propósito era llegar a conclusiones a partir de la observación directa, como también resalta José María López Piñero en Breve historia de la medicina.
En una misiva enviada a un amigo médico, titulada “Carta sobre la raíz de China”, Vesalius sintetiza los alcances de su labor, que sin duda debemos de adjetivar como científica: “Deberían estar agradecidos conmigo por ser el primero que se atrevió a atacar las falsas opiniones del hombre, a poner al desnudo los engaños de los griegos y a dar a nuestros contemporáneos la insólita oportunidad de buscar la verdad”. Ni más ni menos.
Como apunta William Locy, citado por Peter Watson en Ideas. Historia intelectual de la humanidad, “Vesalio corrigió más de doscientos errores anatómicos de Galeno”. De este tamaño es la trascendencia del médico flamenco que se atrevió a mostrarle sus hallazgos a un emperador.

 

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